Bienvenido a la fábrica de la imaginación

Recordad, ¡comentad es gratis! es lo que hace más ilusión y lo que impulsa a cualquiera a seguir escribiendo :)

miércoles, 20 de julio de 2011

El doctor y el moribundo

-Tengo miedo.

-Todas las personas en su situación lo tienen. Una operación de esta envergadura no es para tomársela a broma. Le comprendo perfectamente, estar entre la vida y la muerte puede asustar hasta a los más valientes luchadores.

-No es a la muerte a lo que le temo.

-¿Entonces a qué tienes miedo?

-A la vida.

-Eres la primera persona a la que le escucho decir semejante cosa.

-Usted no lo comprende. No conoce mi situación.

-Soy de las últimas persona con la que vas a hablar. Puedes contarme lo que quieras, en breve la anestesia hará efecto sobre su médula y quedará inmovilizado de cuello hacia abajo. No se por qué no pidió ser anestesiado completamente.

-Quería sentir alguna voz humana que me distraiga mientras pongo mi vida en manos desconocidas y de paso saber cómo la manejan.

-Yo solo soy el anestesista, estaré aquí con usted todo el tiempo. Puedo ser esa voz si a usted le parece bien.

-Vale.

-Y ya que estamos podrías decirme el por qué de tu temor hacia la vida.

-Es por una mujer.

-¿La amas?

-Si.

-¿Entonces cuál es el problema? siendo así merecería la pena vivir.

-Usted no lo comprende. Antes de meterme en quirófano le dije que la amaba con todo mi corazón y no me contestó nada, se quedó sentada mirándome en silencio.

-¿Y cuál es el problema?

-Es una larga historia.

-Tenemos horas y horas por delante hasta que termine esta operación. Es bastante complicada.

-Si, bueno, ya no siento las piernas.

-Voy a correr la cortinilla, van a empezar a operar.

-Solo me queda suspirar y esperar a que todo esto termine.

-Ya...

-Estoy confuso y acobardado. ¿Sabe? Si sobrevivo viviré avergonzado toda mi vida y si muero jamás sabré si fui correspondido.

-Por favor explícate porque cada vez me tienes más confundido.

-Esa chica de la que le hablo ha sido mi amor platónico desde hace mucho tiempo pero nunca me atreví a confesárselo porque su corazón le pertenece por completo a otro. Y yo siempre he estado ahí escuchándola, siendo su mejor amigo; tragándome cómo vivía los besos, las caricias, los abrazos en manos de otro hombre que no era yo. Usted no sabe como sufría cada vez que me decía cuanto lo amaba. Mi corazón entristecía y luego, cuando nadie me veía, lloraba desconsoladamente. A eso no se le podía llamar vida. Poco a poco me iba convirtiendo en un ser inerte cada vez más escaso de algún rastro de alma humana. Nada dura eternamente y por supuesto, mis lágrimas tampoco. Se fueron agotando hasta dejarme solo con una tristeza cansada y consumida que aguanta a duras penas el peso de un corazón roto. ¿Entiende ahora por qué temo a la vida? Prefiero morir con valentía a vivir avergonzado.

-No se a qué llamas tú valentía.

-A confesarle lo que siento antes de haber venido a enfrentarme a las garras de la muerte.

-Eso es de cobardes.

-¿Por qué?

-Porque has esperado hasta el último momento para intentar averiguar si ella te ama.

-No quería entrometerme entre ella y el dictamen de su corazón. Quiero que sea feliz.

-¿Y no has pensado que tal vez podría ser feliz estando a tu lado?

-Imposible. Ella le ama demasiado.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?

-Me lo dijo ella.

-Las palabras nunca significan nada, son solo palabras. ¿Crees que ella no puede mentir?¿Alguna vez has visto a ese hombre del que tanto te habla?

-La verdad es que nunca lo vi...

-Entonces puede que te esté mintiendo.

-Tal vez...

-¿Y eso de estar avergonzado? Si te rechaza la vida continúa.

-Sin ella mi vida no puede continuar.

-Según tú, con ella tampoco.

-¿Y qué quiere que haga?

-Salir vivo de esta e ir a por ella. Pase lo que pase la situación no puede empeorar.

-Claro que empeoraría, si se equivoca ella podría dejar de hablarme.

-Pero si cuando le hablas sufres...

-Pero al menos puedo verla, sentir que está a mi lado...en cambio si no me habla dejaré de disfrutar de tal maravilloso privilegio.

-Vale la pena intentarlo.

-¿Cómo lo sabe?

-Porque si tanto te aprecia, no va a dejar de hablarte.

-Pero me hablará avergonzada, y cada vez nos dirigiremos menos la palabra hasta llegar un momento en que el cruce de nuestras miradas se anule hasta tal punto en el que solo se crucen nuestras espaldas.

-No seas paranoico, ten fe.

-¿Fe en qué?¿fe en la ínfima posibilidad de que me ame para luego morir?¿fe en vivir entre hipócritas miradas y cortas palabras de cortesía formadas por la extinta amistad que antes nos unía? querido doctor, hace tiempo que yo perdí la fe. Ahora solo me queda esperar la fría mano de mi destino.

-No seas tan pesimista.

-No soy pesimista, soy realista.

-Todos los pesimistas dicen ser realistas.

-Solo quiero algo que nunca tendré y es a ella, ya he manejado todas las posibilidades y creo que en todas ellas salgo malparado exceptuando una. Tan pequeña que no confío ni en que tenga una mínima posibilidad de que ocurra. Y es salir vivo de esta y que al despertarme la encuentre a mi lado y sienta sus labios junto a los míos mientras me susurra que me ama y que no hay otro que no sea yo. Pero ambos sabemos que eso jamás ocurrirá. Tengo pocas posibilidades de salir vivo de esta operación, no me lo quisieron decir pero yo vine informado. Se que usted es la última persona con la que voy a hablar.

-Bueno, al menos dime quién es ella.

-Se llama Samanta del Valle. Es la muchacha morena de ojos azabache que cada día venía vestida con un llamativo pañuelo rojo al cuello para intentar hablar conmigo y consolarme sobre lo que me esperaba en esta delicada operación.

-¡La conozco!¡Dios mio, es la misma muchacha que venía cada día a preguntarme como estabas! No sabes lo preocupada que está por ti, ya decía yo que me sonaba tu historia...

-...

-¡¿Estás ahí?!

-...

-¡Reacciona maldita sea!¡dadle carga!¡reanimadlo por el amor de dios!¡contesta!¡contesta!

-...

-No me puedes hacer esto, no ahora...¡maldita sea!

-...

-Creo que eres el primer paciente que pierdo que me hace llorar así...pero quiero que sepas que puedes descansar en paz...ella te amaba, te mentía porque temía, al igual que tú, que no la correspondieras. Ambos sois igual de extrovertidos como para contar vuestra historia a un auténtico desconocido, ella por desamparo, tú por por un intento desesperado de agarre hacia alguna voz humana que te consolara. Desgraciadamente no todas las historias salen bien. Te dije que tuvieras fe, a ella le dije que tuviese valentía. Pero por culpa de vuestra cobardía y vuestras paranoias ninguno de los dos conseguisteis ser felices. Ahora solo queda esperar a que el dolor se consuma poco a poco por el tiempo y a que vuestras almas se vuelvan a encontrar de nuevo en el paraíso. Pero no te preocupes, ahora ambos sabéis que vuestro amor fue correspondido y eso cura las cicatrices de cualquier corazón herido. Creo que solo me queda decir adiós para siempre...querido amigo.

5 comentarios: